Lunes, 09 Marzo 2020 13:45

Una Flor que le sonríe a la vida

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Doña flor

Flor celebra los 18 años de la EDU, el mismo tiempo que ella lleva en la entidad

Sentarse a conversar con “Florecita” es entrar a la intimidad de la EDU y, de paso, conocer una historia de vida imborrable cuando de gratitud y orgullo se trata.

Flor Edith Hoyos Correa cumplió, junto con nuestra entidad, 18 años transformando la vida de las personas, y quien más que ella para dar fe de esta filosofía.

Su vida en la EDU, además de los cargos que ha ocupado, se resume en constancia, entrega y dedicación, oficios de la vida que, dice ella, se los ha ganado a punta de esfuerzo y de sacrificio.

Nació en Bello. Hija de Luis Eduardo Hoyos y Ángela Correa y una consentida de sus quince hermanos (8 hombres y 7 mujeres).

Desde pequeña la vida se encargó de darle lecciones, pruebas que, confiesa ella, le dieron la fortaleza para enfrentarlas. “Cuando terminé el bachillerato y me disponía a estudiar mi padre se muere; a los dos meses fallece mi madre. Fue un golpe muy duro de asimilar pero gracias a dios yo conocí a un ángel”, su compañero de vida y padre de sus dos más grandes tesoros: Liliana (31 años) y Yessica (26). 

“Marco Tulio es una bendición de Dios. Como novio, y ahora en 33 años de casados ha sido un hombre intachable, dedicado al hogar y entregado a sus dos hijas”, asegura “Florecita”.

Intertítulo: Su legado en la EDU 

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Su familia ha sido siempre el motor y soporte de su vida

Luego de abandonar sus estudios en Administración de Empresas por falta de dinero, de trabajar 10 años en el Dane como auxiliar administrativa, de administrar una taberna en el Centro de Medellín y de probar suerte en un carro en el que vendía perros y hamburguesas en el parque de Tricentenario, barrio en el que vivió más de 20 años, un 16 de diciembre de 2001 se le apareció la virgen.

“Recuerdo que era un domingo y ese día estaba cayendo un aguacero. Uno de mis mejores clientes, don Guillermo, se me acercó y me contó sobre una oportunidad de empleo en una promotora inmobiliaria ubicada en el parque San Antonio. No dudé en aceptarlo y el lunes madrugué a una entrevista de trabajo”.

Ese día, cuenta, desde la entrada a la sede de la entidad hasta la entrevista que se la hizo el propio gerente de la promotora, Jonás Flórez, le advirtieron lo duro del trabajo.

“Más que el saludo de la recepcionista, recuerdo que me dijo: ¡y usted si va a ser capaz con eso tan duro! Hasta enumeró las otras mujeres que habían desistido de los servicios generales de esa sede y de la del frente, donde trabajaba el arquitecto Frank Solano, reconocido presentador del programa de farándula: La Red, de Caracol Televisión.

Los nervios fueron tantos que la única respuesta ante el listado de tareas fue decir que sí, “que sí era capaz”, sostuvo.

Con el tiempo, sus labores aumentaron y de vez en cuando acompañaba los trasnochos de los directivos en una jornada impuesta por el alcalde de turno, conocida como la Alcaldía en la Noche.

“Terminé siendo la que administraba las llaves de la sede, una responsabilidad muy grande y tormentosa a la vez. Un día me llamaron a las 3:00 a. m. para que me fuera para la sede porque la alarma se había activado. Imagínese yo sola arrancar para allá, con ese susto tan grande. Al llegar, afortunadamente solo era una paloma”, cuenta.

En otra ocasión, le tocó devolverse porque dos funcionarias se habían quedado encerradas y las sirenas se habían vuelto a activar.

Fueron muchas las anécdotas y aprendizajes en sus labores de servicios generales, tiempo en el que se llenó de fortaleza y seguridad para demostrarse de lo que era capaz. “Estando en la EDU fui madre por teléfono. Casi no veía a mis hijas. Incluso sentí que estaba perdiendo a mi familia”.

Pero el esfuerzo trajo su recompensa. Con la llegada de un nuevo gerente a la entidad, pasó al cargo de recepcionista, ocupación en la que ya tenía habilidades luego de algunos cursos que hizo en el Sena.

“A medida que iba creciendo en la EDU, mi vida personal fue cambiando. Tenía más tiempo para dedicarle a mi familia y para darme mis gustos. Eso sí, a las mujeres que llegaban a servicios generales siempre las aconsejaba y las hacía respetar”, expresa Flor.

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 Su buen desempeño, su don de carisma y esa sonrisa que siempre la caracteriza fueron su principal carta de presentación para atender a la ciudadanía y para seguir soñando con cosas más grandes.

Ascendió a auxiliar administrativa, secretaria de Gerencia y ahora ocupa un nuevo cargo: asistente de Gerencia, toda una carrera en una entidad que en dos años la graduará como una de sus hijas más queridas, cuando reciba su merecida jubilación.

“A la EDU le debo mi autoestima. Gracias a esta entidad me levanté del suelo y hoy doy gracias a Dios, a mi familia y a esta empresa, la mujer en la que me he convertido”, expresa “Florecita”.

Sus dos hijas cumplieron el sueño que ella no pudo y hoy son dos administradoras de empresas con un futuro por delante. Su compañero de vida sigue pendiente de hacerla feliz, mientras que ella le agradece a su familia y a la EDU cada una de las batallas ganadas en una vida a la que todavía le sigue sonriendo.

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